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(del griego σιμβαλλειν, juntar, reunir, encontrar un signo de reconocimiento. De ahí σύμβολον, nota, señal de reconocimiento)

En sus orígenes, el símbolo era una marca o una partición en un objeto que permitía el posterior ensamblamiento de los dos trozos. Ello permitía el reconocimiento de cada uno de los poseedores de las dos partes divididas de, por ejemplo, una misma moneda. Actualmente este término no tiene un significado unívoco, por ello siempre es preciso delimitar la perspectiva desde la que se habla de los símbolos. De una manera general cabe hablar de ellos desde dos perspectivas completamente diferentes:

1) desde el punto de vista de la filosofía del lenguaje, de la lingüística y del formalismo y

2) desde la perspectiva que considera los símbolos y lo simbólico como una especie de revelación o de manifestación de una realidad otra, tanto de tipo religioso o sagrado, como de tipo psicológico, y que requiere una hermenéutica específica, como propone Ricoeur, por ejemplo.

Desde la perspectiva de la filosofía del lenguaje

1) . Desde la primera perspectiva, y ya a partir de Saussure, el término símbolo se utiliza como una clase especial de signo o de significante. También para Peirce es un tipo de signo cuya relación con lo significado es arbitraria, esto es, entre el signo y el objeto significado no existe ninguna relación, ni de causalidad (lo que daría lugar a los indicios) ni de semejanza (que originarían los iconos). Así, pues, para Charles Sanders Peirce el símbolo es un tipo de signo inmotivado que representa su objeto por convención. Esta convención es explícita y casi absoluta ya que no hay ninguna relación sensible entre el significante y el significado. Los alfabetos, la notación química, lógica o matemática son ejemplos de símbolos ya que toda relación analógica correría el riesgo de alterar el sentido, transfiriendo al significado propiedades del significante (ver texto ). El signo lingüístico pertenece a esta clase de signos.

De esta manera, un símbolo es un signo que perdería el carácter que lo hace signo si no hubiera algún intérprete. Por ejemplo, en nuestra cultura el color negro simboliza el luto, aunque entre los hindúes el color de luto es el blanco (lo que refuerza la condición arbitraria y convencional del símbolo). También Dewey, Ogden, Richards y la mayoría de los filósofos del lenguaje, los consideran como meros signos arbitrarios y convencionales de carácter social y colectivo, lo que los opone a los signos naturales. Así, las palabras también son de naturaleza simbólica, puesto que la conexión entre ellas y lo que representan es arbitraria, a excepción de las onomatopeyas, que serían en parte imágenes icónicas, ya que se refieren a un objeto en la medida en que imitan los ruidos de aquello que designan.

Los símbolos no son exclusivos de los seres humanos, aunque sólo en el hombre adquieren su mayor complejidad. La danza de las abejas, estudiada por Karl von Frisch, y algunas formas de comunicación entre mamíferos descritas por los etólogos, también son de carácter simbólico.

Los símbolos pueden entenderse también como una notación arbitraria, como el simbolismo lógico instaurado ya por Aristóteles, en cuyo caso son signos vacíos (dimensión meramente sintáctica), aunque susceptibles de ser interpretados (en una dimensión semántica). Ernest Nagel, en Simbolismo y ciencia, definió el concepto científico de símbolo como «todo acontecimiento (o tipo de acontecimiento), habitualmente de carácter lingüístico, que se adopta para significar algo más mediante convenciones tácitas o explícitas o de reglas de lenguaje», y S.K. Langer afirma que «todo arbitrio mediante el cual realizamos una abstracción es un elemento simbólico, y toda abstracción implica simbolización».


Desde la perspectiva religiosa, psicológica y hermenéutica

2) . Ahora bien, en cuanto que figuras que designan una realidad distinta de ellos, los símbolos también pueden entenderse -en el caso de las filosofías religiosas y en determinadas teorías psicológicas y estéticas- como expresiones de una realidad directamente inaccesible al lenguaje o al pensamiento conceptual.

En las concepciones míticas y religiosas los símbolos se consideran como la manifestación de lo sagrado. Este es el punto de vista que también adoptan algunos filósofos de la religión, como Schleiermacher, por ejemplo. También en este sentido se formuló la teoría romántica del símbolo (todavía representada por Ludwig Klages), aunque en el caso del romanticismo se vincula más al símbolo estético y a una concepción del arte como reveladora de lo absoluto. Para Schelling, como para Goethe, en el símbolo, lo particular (la imagen) es, a la vez, lo universal (el sentido). Por ello, F. Schlegel sostenía que solamente el símbolo permite acceder a lo infinito o a Dios, y el arte, aparece así, como una vía privilegiada de conocimiento.

Mircea Eliade

Entre los filósofos e historiadores de la religión que han dedicado una especial atención al estudio de los símbolos destaca el espiritualista Mircea Eliade, para quien el símbolo permite una forma de participación mística en lo sagrado, puesto que es manifestación suya, y aspecto esencial de la hierofanía. Mediante el símbolo, el hombre puede percibir la presencia de lo sagrado. Por ello, ocupa un lugar central en el culto, y en todo ritual, y constituye la base del lenguaje religioso. Existen muchos tipos distintos de símbolos que, en general, pueden agruparse en: cosmológicos, soteriológicos y antropológicos. Existen símbolos que se refieren al espacio sagrado (cualitativo y anisotrópico, distinto del espacio profano o geométrico, isotrópico y homogéneo) de entre los que, según Eliade, el fundamental es el símbolo del centro del mundo; símbolos que permiten distinguir el tiempo sagrado del profano; símbolos de la naturaleza y su relación con el ser humano que establecen una relación entre el macrocosmos y el microcosmos. De esta manera, concibe el símbolo como un instrumento de conocimiento que forma parte de una esfera pre-lingüística: precede al lenguaje y a la razón discursiva. Los símbolos -según Eliade-, constituyen aperturas hacia un mundo transhistórico: «imágenes, símbolos y mitos no son creaciones irresponsables de la psique, sino que responden a una necesidad: dejar al desnudo las modalidades más secretas del ser. [...] Si el espíritu se vale de las imágenes para aprehender la realidad última de las cosas es, precisamente, porque esta realidad se manifiesta de un modo contradictorio y, por consiguiente, no puede expresarse en conceptos».

Sigmund Freud

El psicoanálisis dará también especial importancia a los símbolos pero, en lugar de considerarlos una manifestación de lo sagrado, los considerará como modos de representación indirectos y figurados de los conflictos y deseos inconscientes. De esta manera, para Freud la simbolización es la actividad de representación psíquica de las pulsiones, y se manifestarán tanto en los sueños como en los mitos o en la religión. En cuanto que manifestaciones de un significado oculto de pulsiones inconscientes poseen un significado que el análisis, a modo de hermenéutica, puede desvelar. Pero si, para Freud, los símbolos proceden de una elaboración psíquica enraizada en experiencias infantiles individuales, para Jung son producidos por un inconsciente colectivo y son manifestaciones arquetípicas. Jung distingue entre símbolos naturales, que proceden del contenido de dicho inconsciente colectivo, y símbolos culturales, que son imágenes colectivas que, partiendo de las mismas raíces han estado elaboradas y modeladas por la imaginación de cada pueblo.

Paul Ricoeur
C. G. Jung

La hermenéutica de Paul Ricoeur se mueve, en cierta forma, a medio camino entre las interpretaciones psicoanalíticas y las puramente lingüísticas (ver texto ). Para Ricoeur, los símbolos son el «indicio de la situación humana en el corazón del ser, por ello tienen valor ontológico», y manifiestan una doble dependencia: dependen del inconsciente y, a la vez, de lo sagrado. Pero, cada símbolo sagrado es un símbolo infantil o arcaico que está en la base de una estructura profunda que nos relaciona con lo real y, de este orden simbólico, surge el lenguaje. Por ello, no todo el lenguaje es de tipo conceptual.

E. Cassirer

Para Ernst Cassirer, que concibe al hombre como animal simbólico (ver texto ), el mundo no es sustancia, sino forma simbólica, y el símbolo permite abarcar la totalidad de los fenómenos en los que algo sensible se presenta como manifestación de sentido. Es la simbolización la que permite el ordenamiento de nuestro ambiente como un mundo. Cassirer, en su Filosofía de las formas simbólicas, estudia la importancia de la aparición de lo simbólico en la mentalidad infantil, cuando el niño descubre que todas las cosas tienen un nombre (lo que le anticipa al análisis realizado por Lacan de la fase del espejo). A partir de aquí, se manifiestan distintas formas simbólicas. Pero existen formas que permiten sintetizar las distintas apariencias, entre ellas, el mito y la ciencia, pero también el arte y la religión. No obstante, todas ellas se manifiestan a través del lenguaje que es la forma simbólica que todas las otras presuponen. Por ello, lejos de las concepciones irracionalistas de Eliade o de Jung que conciben lo simbólico como perteneciente a una esfera pre-lingüística, declara que el orden simbólico es el orden mismo del lenguaje, aunque de origen no directamente verbal. Así, el símbolo no lo concibe, como Dewey, Peirce u otros filósofos del lenguaje, como un mero signo usado por consentimiento común para significar un concepto asociado. Para Cassirer una señal, un sonido, un objeto o un acontecimiento podían ser un símbolo para una persona sin que ella pasase conscientemente de él a su significado. Ello le aproximaba a la concepción de Freud, aunque Cassirer rechazaba ésta por considerarla arbitraria y subjetiva.

El hecho de que diversos pensadores, muy alejados entre sí, como el mismo Cassirer, Lacan, Lévi-Strauss, Freud, Peirce, Russell, Ricoeur y otros hayan utilizado amplia y eficazmente la noción de símbolo para avanzar en sus respectivos y alejados campos de investigación (filosofía, semántica, lógica, psicología, etnología, mitología, hermenéutica...) hace decir a S.K. Langer que el estudio de los símbolos constituye la nueva clave en la que debe fundarse la filosofía.

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Bibliografía sobre el concepto

  • Arola, R., Cuestiones simbólicas. Las formas básicas. Herder, Barcelona, 2015.
  • Chevalier, J. (ed.), Diccionario de símbolos. Herder, Barcelona, 2000.
  • Lurker, M., El mensaje de los símbolos. Mitos, culturas y religiones. Herder, Barcelona, 1998.
  • Arola, R., El simbolo renovado. Herder, Barcelona, 2013.
  • Beuchot, M., Hermenéutica, analogía y símbolo. Herder, Barcelona, 2015, 2 ed.
  • Beuchot, M., Hermenéutica, analogía y símbolo. Herder, México, 2015.

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