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(del griego ἐμπειρία, empeiría, experiencia, de έμπειρος, empeiros, experimentado; referido especialmente a las prácticas médicas que no se apoyaban en teorías, sentido en que todavía se usa en la Enciclopedia francesa)

La doctrina filosófica que sostiene que las ideas y el conocimiento en general provienen de la experiencia, tanto en sentido psicológico (o temporal: el conocimiento nace con la experiencia) como en sentido epistemológico(o lógico: el conocimiento se justifica por la experiencia). A Kant se debe su uso en filosofía en el sentido actual: llama a Aristóteles «principal representante de los empiristas» y, a Locke, uno de sus seguidores actuales al referirse a la teoría que deriva de la experiencia los conocimientos que posee la razón.

A Aristóteles se debe la primera línea de pensamiento que vincula de manera sistemática el conocer a la experiencia sensible, pero el empirismo, como doctrina filosófica sistemática, se supone característica de la filosofía inglesa; indicios de este tipo de pensamiento se ven incluso en la actitud teórica de algunos escolásticos, como Roger Bacon y Guillermo de Occam, si bien los verdaderos precursores del empirismo teórico son, en realidad, Francis Bacon (1561-1626) y Hobbes (1588-1679); el primero destaca la necesidad de recurrir a la inducción y a la observación para hacer ciencia y el supuesto del segundo -racionalista en algunos de sus planteamientos- de que «todo es cuerpo» no permite comenzar y justificar el conocimiento si no es a partir de la sensación.

Locke
G. Berkeley
David Hume

Quienes dan forma sistemática al empirismo son, sin embargo, Locke (1632-1704), Berkeley (1685-1753) y Hume (1711-1776). A ellos se debe la versión clásica del empirismo, cuyos puntos fundamentales son: 1) la afirmación de que no existen ideas innatas y 2) que el conocimiento procede de la sensación, o experiencia interna o externa; de este modo afirma tanto la prioridad temporal del conocimiento sensible (el conocimiento empieza con la experiencia) como su prioridad epistemológica o lógica (el conocimiento requiere de la experiencia como justificación).

Los textos más fundamentales del empirismo clásico pertenecen a J. Locke, en especial a su obra Ensayo del entendimiento humano (1690)(ver texto 1 y texto 2 ).

El libro I de esta obra es una crítica cerrada a la doctrina de las ideas innatas, tal como las entendían los cartesianos; no hay ideas innatas ni principios teóricos o morales. El entendimiento, antes de toda experiencia, no es más que una tabula rasa.

El libro II trata del origen de las ideas a partir de la experiencia sensible, interna o externa; nacidas las ideas simples de la sensación o de la reflexión, el entendimiento puede a partir de ellas componer ideas complejas. En una de estas ideas complejas, la sustancia, pueden distinguirse cualidades primarias (objetivas) y cualidades secundarias (subjetivas).

El libro III estudia el lenguaje y el IV el conocimiento (si bien de un modo que no está en plena consonancia con el libro I).

La influencia de esta obra en los ilustrados franceses fue enorme; éstos vieron en Locke la superación del racionalismo que dominaba en el continente europeo desde Descartes a Leibniz, y fundaron en ella su modelo de razón empírica.

Leibniz criticó el empirismo de Locke en su obra Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano (1703-1704).

Las ideas simples de Locke se agrupan en cuatro clases:

1) las que provienen de un solo sentido; «amarillo», por ejemplo.

2) las que provienen de varios sentidos; la «forma», por ejemplo.

3) las que provienen de la reflexión interna, por pensar sobre ideas simples de los sentidos; el «pensamiento» y la «voluntad», por ejemplo.

4) las que proceden, de forma combinada, de la sensación y la reflexión a un mismo tiempo a manera de síntesis; la percepción de la «existencia» de un objeto externo, por ejemplo, o el «dolor».

La mente, combinando, relacionando y abstrayendo, puede formar ideas complejas -«la belleza, la gratitud, un hombre, un ejército, el universo»-, relaciones y abstracciones. Las ideas complejas se dividen en modos, sustancias y relaciones.

Una sustancia es una idea compleja con la que concebimos un ser particular; la idea de «hombre», por ejemplo.

Un modo es la idea compleja con la que pensamos, por abstracción, conjuntos de ideas simples -referibles a diversas sustancias- que no subsisten como un ser particular; la «danza», por ejemplo, o la «belleza».

Una relación es una idea compleja que surge de la comparación de ideas; Caio, por ejemplo, pensado como hombre no dice más relación que a sí mismo, pero pensado como «marido», o como «padre» entra en relación con otra idea.

La distinción entre cualidades primarias y secundarias, divulgada por Locke, pero utilizada ya por Descartes, divide las cualidades de las cosas sensibles entre las que son objetivas y, por tanto, cualidades sustanciales de los cuerpos (extensión, figura, número, movimiento y solidez), y las que son subjetivas, que sólo indirectamente podemos atribuir a la sustancia porque las producen en nosotros las cualidades primarias (color, sabor, sonido, temperatura, etc.). Cualidades primarias y secundarias son ideas con las que pensamos los cuerpos.

El punto de partida de Berkeley es la crítica a la distinción, hecha por Locke, entre cualidades primarias y secundarias; la conciencia no hace distinción entre primarias y secundarias: toda idea es un fenómeno (subjetivo) de la conciencia y todo cuanto sabemos de las cosas es sólo lo que percibimos (subjetivamente). Por ello «ser es ser percibido» o «percibir».

Hume, a su vez, admite la crítica de Berkeley y asume como punto de partida que las ideas son fenómenos de la conciencia, pero critica no sólo la idea de sustancia externa, sino también la de sustancia interna, o yo. De ahí procede su escepticismo, por cuanto lo que pensamos supera con creces lo percibido, pero sólo hay certeza de lo percibido, y su fenomenismo.

En tiempos de Hume, el modelo científico newtoniano es una ciencia empírica con pleno derecho; el empirismo de Hume dirige su atención, no sólo hacia la manera y el fundamento de nuestro conocer, sino también hacia una ciencia empírica del hombre: el Tratado de la naturaleza humana (1739) no confiesa otro objetivo que el de lograr en el mundo de la moral lo que Newton ha logrado en el mundo de la física. Las investigaciones de Hume se centran, no sólo en el estudio del entendimiento (Libro I del Tratado de la naturaleza humana, e Investigación sobre el entendimiento humano), sino también en el de las pasiones (Libro II del Tratado) y la moral (Libro III del Tratado e Investigación sobre los principios de la moral).

La innovación fundamental de Hume en la teoría del conocimiento es su distinción entre impresiones e ideas, la relación que existe entre unas y otras y la posibilidad de que las ideas se asocien entre sí.Una impresión es una percepción que, por ser inmediata y actual, es viva e intensa, mientras que una idea es una copia de una impresión, y por lo mismo no es más que una percepción menos viva e intensa, que consiste en la reflexión de la mente sobre una impresión; tal reflexión se hace por la memoria o la imaginación. Pero, además, las ideas se relacionan entre sí por una especie de atracción mutua necesaria entre ellas: por semejanza, por contigüidad y por causalidad. Igual como en el universo de Newton la atracción explica el movimiento de las partículas, en el sistema filosófico de Hume las ideas simples se relacionan -se asocian- entre sí por una triple ley que las une. En el conocimiento de lo que él denomina cuestiones de hecho, la relación de causalidad ejerce una función fundamental: síntesis de las dos leyes anteriores, semejanza y contiguïdad, es ambas cosas a la vez (ha de haber semejanza entre causa y efecto, y es necesaria una contigüidad en el espacio y el tiempo entre causa y efecto) más la costumbre, o hábito, de generalizar en forma de ley, o enunciado universal, las sucesiones de fenómenos que suceden regularmente en el tiempo.

La exigencia básica de que a toda idea ha de corresponderle una impresión para que tenga sentido, o para que a la palabra le corresponda una idea con un contenido verdadero, se constituye en el instrumento ineludible de la crítica que instituye a todos los conceptos fundamentales de la filosofía tradicional: causalidad, sustancia, alma, Dios y libertad. ¿A qué impresión -se pregunta- corresponde cada una de estas ideas?

La crítica que instaura el empirismo clásico acaba en el fenomenismo y el escepticismo. Frente a la dogmática seguridad que exige y pretende haber hallado el racionalismo, el empirismo oferta la razonabilidad del conocimiento probable y de los límites del conocimiento. El valor histórico del empirismo está en su crítica; pero no en la empresa no lograda de fundar suficientemente el conocimiento científico. Ofrece una alternativa, pero no una síntesis y, por lo mismo, no una superación del racionalismo y el dogmatismo.

Asociacionismo de ideas y perspectiva fenomenista son los dos ejes sobre los que han girado los sucesivos sistemas empiristas posteriores, en J.S. Mill, H. Spencer, F. Brentano, E. Mach y otros, pero también son empiristas otros sistemas filosóficos que deben sus presupuestos más bien al positivismo del s. XIX, como son los de Duhem, James, Peirce, Dewey o Russell.

El empirismo por excelencia de la edad contemporánea recibe el nombre de empirismo lógico o neopositivismo. Sus dos principios empiristas fundamentales son: el problema de la verificabilidad, con sus diversas soluciones más o menos radicales, y el reduccionismo de los conceptos no lógicos o no matemáticos de las teorías a enunciados observacionales o a conceptos, en última instancia, reducibles a ellos.

Los escritos de Karl R. Popper representan una crítica dirigida al neopositivismo en general desde un punto de vista empirista crítico, que su autor llamó racionalismo crítico. Su principio de falsabilidad se opone diametralmente al inductivismo que supone el principio de verificación.

La nueva filosofía de la ciencia, esto es, aquella que se opone a la concepción estándar de la ciencia, insiste sobre cuestiones que parecen minar los puntos fundamentales en que se sostiene el empirismo: la importancia de la teoría en la misma observación (observaciones «cargadas de teoría») y la crítica dirigida hacia la excesiva distinción ente lo teórico y lo observacional. W.V.O. Quine, que ha puesto en evidencia los dos denominados «dogmas del empirismo», a saber, el reduccionismo y la distinción entre analítico y sintético, también ha destacado que sólo «lo sensorial» es suficiente fundamento para la ciencia o para el significado de las palabras (ver cita).


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