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(del latín apparentia, conjunto de cosas visibles) Conocimiento inmediato de una cosa a través de lo que nos llega por los sentidos, al que atribuimos sólo un valor aproximado y relativo respecto de lo que aquella cosa es en verdad, que sólo se alcanza tras un atento examen de la misma o un conocimiento de nivel superior. La apariencia se considera clásicamente conocimiento incompleto y superficial, en contraposición a la realidad, o conocimiento verdadero y profundo, y la distinción suele hacerse tanto en la vida ordinaria, como en la reflexión filosófica y en el enfoque científico. De alguien decimos que no es en realidad lo que parece ser o, en general, que las cosas no son lo que parecen a simple vista, relacionando lo aparente con la experiencia de la percepción, y significando que llegar al fondo de la realidad supone una consideración más atenta y reflexiva de lo que hacemos normalmente. La historia de la filosofía es, en buena medida, la serie de preguntas y respuestas, hechas desde diversas perspectivas, acerca de quées verdaderamente la realidad, o de qué es lo aparente y qué lo real y en qué estriba la diferencia entre una y otra cosa. La filosofía comenzó entre los presocráticos como investigación de la verdadera sustancia -el elemento primero, la physis- que se manifestaba a través de la diversidad de lo múltiple y que daba razón de su constante cambio. A quienes se dedicaron a esta actividad reflexiva los llamó Aristóteles «los primeros que filosofaron». El mito de la caverna de Platón es una alegoría de la condición en que se hallan los hombres, que, apegados a lo sensible, tendemos a confundir lo aparente con lo real, y del hecho de que sólo la adquisición del auténtico saber, a través de un ascensión dialéctica, nos da a entender que «conocer» consiste precisamente en no confundir la oscuridad con la luz y en saber distinguir la sombra o copia de la realidad de que depende. La metafísica, rama principal de la filosofía a todo lo largo de su historia hasta que entró en crisis con el período de la Ilustración, ha consistido tradicionalmente en el intento de explicar la razón de la diferencia entre apariencia y realidad y la causa de esta dicotomía. El racionalismo ha puesto de relieve que sólo por la razón conocemos en realidad las cosas, aun las sensibles, mientras que el empirismo ha destacado que sólo lo sensible es objeto de verdadero conocimiento. Con la filosofía crítica de Kant, que funde racionalismo y empirismo en una misma actividad de conocimiento (trascendental), remite la oposición entre apariencia y realidad y se produce un cambio radical de perspectiva al hacer definitiva la distinción entre fenómeno (apariencia) y cosa en sí: no es que sean engañosas las apariencias, es que son el único objeto posible de conocimiento de la razón teórica; lo en sí está más allá de nuestro conocer y sólo puede ser pensado o alcanzado por la razón práctica. A partir de este momento, la metafísica indaga, más que en la realidad situada más allá de la experiencia, en la posibilidad de conocer la experiencia. No faltan tampoco sistemas filosóficos que inviertan la relación apariencia-realidad, reduciendo a la primera todo el posible alcance del entendimiento humano y el verdadero sentido de lo que se entiende como real; así hace Nietzsche, por ejemplo.

En teoría del arte, la apariencia no se opone como una percepción incompleta al objeto bello que pudiera estar más allá de ella; la apariencia es la característica estética. Lo bello es apariencia, imagen, forma que se percibe inmediatamente por los sentidos y el arte no busca otra realidad más allá de la apariencia, a la que exalta y cultiva.


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