La moral no es propiamente la doctrina de cómo hacernos felices, sino de cómo debemos hacernos dignos de la felicidad. Sólo cuando la religión se añade a ella, aparece también la esperanza de llegar un día a ser partícipes de la felicidad en la medida en que nos hayamos cuidado de no ser indignos de ella.
| Crítica de la razón práctica, libro 2, cap. 2,5 (Losada, Buenos Aires 1977, 4ª ed., p. 138). |