La obtención del bien supremo [...] sólo puede hallarse en un progreso proseguido hasta el infinito hacia esa perfecta conformidad [...] Pero este progreso infinito sólo es posible suponiendo una existencia que perdure hasta el infinito y una personalidad del mismo ente racional (lo que se denomina inmortalidad del alma). Por lo tanto, prácticamente el bien supremo sólo es posible suponiendo la inmortalidad del alma.
| Crítica de la razón práctica, libro 2, cap. 2,4 (Losada, Buenos Aires 1977, 4ª ed., p. 131). |