El sentimiento de lo sublime se funda en el instinto de conservación y en el miedo, es decir, en un dolor que, como no llega hasta la verdadera alteración de las partes del cuerpo, produce movimientos que, limpiando los vasos más finos, o los más groseros, de obstrucciones peligrosas o pesadas, se encuentran en estado de excitar sensaciones agradables, no ciertamente placer, sino una especie de temblor satisfactorio, cierta paz que está mezclada con terror.
| Burke, Investigaciones filosóficas sobre el origen de nuestros conceptos de lo bello y lo sublime, citado por Kant en Crítica del Juicio, (Espasa Calpe, Madrid 1981, 2ª ed., p. 181). |