Las disciplinas teológicas han de enseñarse a la luz de la fe y bajo la guía de la Iglesia de modo que los alumnos deduzcan cuidadosamente la doctrina católica de la divina Revelación [...] aprendan luego los alumnos a ilustrar los misterios de la salvación, cuanto más puedan, y comprenderlos más profundamente y observar sus mutuas relaciones por medio de la especulación, siguiendo las enseñanzas de Santo Tomás.
| Decreto sobre la formación sacerdotal, 16 (Concilio Vaticano II. Constituciones, Decretos, Declaraciones. Documentos pontificios complementarios, BAC, Madrid 1965, p. 470-471). |